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BEBIDAS ALCOHÓLICAS TRADICIONALES O PATRIMONIALES DE CHILE ¿CUÄLES SON?

  • Vinos de alta calidad, pisco y otras preparaciones que han traspasado generaciones, formando parte del acervo etílico servido en la mesa de los chilenos por décadas.

Por equipo turismoysabores 

Deben ser pocos los que se detienen a pensar en que cuando se toma un vino o un pisco nacional se está bebiendo una bebida alcohólica patrimonial de Chile, de buen gusto y mucha historia.

En Chile, las bebidas alcohólicas tradicionales no son solo una forma de celebración: son memoria, territorio y cultura. Cada trago patrimonial nace de un paisaje específico —el valle del Elqui, desierto o del campo — y de saberes transmitidos por generaciones. Tomar estos brebajes se ha vuelto una experiencia única en tiempos donde el turismo busca experiencias auténticas, conectando con los sabores y sentidos.

Sin embargo, cuando se habla de bebidas tradicionales o patrimoniales, sin duda, que hay que empezar por el vino, reconocido en todo el mundo por su calidad, texturas, aromas y sabores.

Por otro lado, el concepto de patrimonio -que también abarca el traspaso mencionado anteriormente− está enraizándose cada vez más en Chile. El cuidado de los viñedos antiguos, de las variedades traídas por los españoles en su llegada al continente, la valorización de viñedos antiguos y la constante  mejora de la calidad del producto vitivinicola.

“Hay mucha tradición, especialmente en las zonas rurales de los sectores vitícolas de Chile. La herencia de un viñedo de una generación a otra, la transmisión del conocimiento de la vid y la elaboración del vino de un trabajador a otro, y el hábito de consumo en las casas donde aún hay vino en la mesa, llevan siglos de traspaso. Diría que en los últimos años y con el esfuerzo de muchas personas el vino alcanzó un nivel patrimonial dentro de nuestro país”, comenta Nicolás Pérez, enólogo de viña De Martino.

Pero ¿qué pasa con el pisco?

El Pisco es un tema aparte cuando de bebidas patrimoniales se habla, ya que es sabida su polémica historia en cuanto a la denominación de origen pero si de algo hay un consenso establecido es que este destilado es parte de nuestra tradición etílica y patrimonial.

“Una tradición que ha acompañado por generaciones los encuentros, celebraciones, momentos cotidianos y a la vez también es un producto patrimonial ligado a su origen, a la tierra  a y al oficio de quienes lo elaboran. Su denominación de origen DO, su historia y el respeto por los procesos lo convierten en una expresión auténtica de identidad y cultura por lo que concluiría que cumple para ambas denominaciones Tradición y Patrimonio”, explica Victor Carvajal, fundador Pisco Mallacún

“El Pisco es una bebida patrimonial y por lo tanto tradicional. La primera destilación se produjo en 1557 en el Valle del Elqui por Francisco de Aguirre, lo que fue una agua ardiente que no tenía las características del Pisco actual, pero ya se había empezado a hacer historia”, rememeroa el Somellier Jorge Fuentes.

De Norte a Sur

Hablar de tragos patrimoniales chilenos es recorrer el país. En el norte grande, la chicha de algarrobo y los destilados artesanales recuerdan prácticas ancestrales ligadas a los pueblos originarios, donde el fruto del desierto se transforma en bebida ceremonial y comunitaria. Más al sur, en los valles centrales, la chicha de uva sigue siendo protagonista de fiestas campesinas y vendimias.

Por otra parte, el pipeño, vino joven, rústico y sin pretensiones, ha pasado de las mesas rurales a bares urbanos que lo reivindican como símbolo de identidad popular. Con él se prepara el clásico terremoto, trago nacido en Santiago que mezcla pipeño, helado de piña y granadina.

En el sur, el Muday, que es una bebida fermentada de trigo o maíz de origen mapuche, la que cumple un rol ritual y comunitario, recordando que el alcohol, en muchas culturas, no está ligado al exceso, sino al encuentro y al significado espiritual. En Chiloé, la licorería artesanal —con preparaciones de oro, Nalca, Avellana o Murta—, lo cual refleja el vínculo

Estos tragos no solo hablan de ingredientes, sino de oficios: viñateros, campesinas, recolectores y destiladores que preservan técnicas muchas veces amenazadas por la estandarización industrial. Su rescate, hoy impulsado por cocineros, bartenders y proyectos turísticos locales, permite revalorizar economías rurales y ofrecer al visitante una experiencia que va más allá del sabor.

En un contexto donde el turismo gastronómico crece con fuerza, las bebidas alcohólicas patrimoniales se posicionan como una puerta de entrada a la historia profunda del país. Beberlas con respeto y conocimiento es, también, una forma de viajar: un recorrido sensorial por Chile, donde cada sorbo cuenta quiénes somos y de dónde venimos.

Sobre el autor

Jorge Ricci

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