- Deslizarse sobre las aguas tranquilas de la playa urbana más célebre de Brasil ofrece una visión distinta, desde el mar hacia la costa, con el sol como guía.
- La experiencia dura 90 minutos y aunque hay que levantarse temprano, deja recuerdos imborrables.
- Una forma de vivir Río de Janeiro en invierno, cuando el clima es ideal para los deportes en la playa.
Río de Janeiro es una ciudad que cautiva a los visitantes de todo el mundo con su combinación única de naturaleza, cultura vibrante y energía contagiosa. Durante todo el año, entre montañas imponentes, playas urbanas y una atmósfera que mezcla tradición y modernidad, la “Ciudad Maravillosa” es un espectáculo para los sentidos. Reconocida por la UNESCO como Patrimonio Mundial por su paisaje cultural urbano, Río ofrece experiencias inolvidables que van desde el bullicio de sus celebraciones callejeras hasta momentos de pura contemplación de la naturaleza.
Y en el corazón de este escenario deslumbrante se encuentra Copacabana, una de las playas más icónicas de América del Sur. Con su paseo marítimo lleno de vida, la vereda con su mosaico de piedras portuguesas y el mar que parece extenderse hasta el infinito, su línea costera es un símbolo de Río de Janeiro. La playa de cuatro kilómetros de extensión ofrece la posibilidad de escapar del frío austral (el invierno carioca es muy benévolo) y practicar stand up paddle mientras el sol sale, convirtiendo el amanecer en un momento mágico.
La experiencia comienza en el Posto 6, sobre la playa de Copacabana (4240 de la Avenida Atlántica) y la convocatoria es a las 5 de la mañana, cuando el ambiente está lleno de tranquilidad y el mar parece estar en sintonía con el silencio del amanecer. Tras una charla con instrucciones de seguridad y consejos para mantener el equilibrio sobre la tabla, el instructor prepara a los participantes para entrar al agua.
Durante el recorrido, el cielo empieza a transformarse: tonos dorados y naranja surgen en el horizonte, y se reflejan en el mar. El sol emerge lentamente, iluminando los cerros al fondo, como el imponente Pan de Azúcar, que parece abrazar el paisaje. Bandadas de pájaros cruzan el cielo, completando el escenario. El paseo de Copacabana, con sus edificios volcados hacia el mar, forma el encuadre perfecto para este momento único.
La experiencia dura alrededor de 1h30 y los instructores acompañan a los visitantes durante toda la actividad, ofreciendo apoyo y seguridad durante la travesía, que puede cerrarse con una jornada en el mar luego del desayuno, compartiendo un partido de fútbol o voley en la playa.
Después de todo, Copacabana no es solo una playa: es un estado de ánimo con un punto a favor: entre junio y agosto, las temperaturas diurnas en Río de Janeiro suelen alcanzar máximas entre 25°C y 26°C, mientras que las noches refrescan hasta los 16°C o 17°C, un clima agradable y seco.
Y, más allá de esta playa icónica, Río de Janeiro despliega todo su encanto en invierno, con su variada oferta gastronómica, circuitos de compras, estadios de fútbol icónicos como el Maracaná y paseos clásicos como el Bondinho que llega al Pan de Azúcar y el recorrido hasta el Cristo Redentor.



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