Con la llegada del invierno en Chile, la cocina se transforma en un refugio cálido. Platos de cocción lenta y abundantes no solo reconfortan el cuerpo, sino que también evocan tradiciones familiares de un profundo arraigo. Desde las mesas del sur hasta los comedores del gran Santiago, la gastronomía invernal chilena se caracteriza por preparaciones contundentes, ricas en calorías y pensadas para enfrentar las bajas temperaturas.
Diversos estudios coinciden en que los favoritos de la temporada incluyen preparaciones como las sopaipillas, porotos con riendas, la cazuela y la carbonada, que son platos que combinan proteínas, carbohidratos y grasas que aportan energía y saciedad.
Sabores de invierno: tradición y energía en cada plato
Entre los infaltables destaca la cazuela, una sopa robusta que puede prepararse con vacuno, pollo o cerdo. Su mezcla de carne, papas, zapallo y verduras la convierte en un plato equilibrado y nutritivo. Una porción puede aportar entre 340 y 450 kcal, dependiendo del tipo de proteína utilizada. Su caldo caliente no solo hidrata, sino que también genera una sensación térmica reconfortante en días fríos.
Otro clásico son los porotos con riendas, probablemente el plato más representativo del invierno. Espesos y sabrosos, combinan legumbres, fideos y, en muchas versiones, longaniza. Una porción promedio aporta cerca de 360 kcal, aunque puede elevarse considerablemente cuando se acompaña con carnes. Su alto contenido de carbohidratos y proteínas lo convierte en una comida altamente saciadora.
La carbonada, por su parte, es un guiso de origen minero que mezcla carne picada con verduras como papas, zanahorias, zapallo y choclo. Reconocida por su densidad energética, es ideal para jornadas frías y extensas, aportando una carga calórica elevada gracias a su combinación de ingredientes.
En el terreno de las legumbres, también destacan las lentejas con longaniza, que pueden alcanzar alrededor de 650 kcal por plato, especialmente cuando incluyen embutidos. Son una opción rica en hierro y proteínas, muy valorada en hogares chilenos durante esta época.
Finalmente, no se puede hablar de esta temporada sin mencionar las sopaipillas, particularmente en días de lluvia. Estas masas fritas pueden aportar entre 260 kcal (solas) y hasta 380 kcal si se consumen pasadas en chancaca . Más que un plato principal, representan una tradición callejera y casera que acompaña tardes frías con un toque dulce o salado.
En conjunto, la cocina invernal chilena no solo responde al frío, sino también a una herencia cultural donde el acto de comer se convierte en una experiencia colectiva. Platos calóricos, sí, pero también cargados de historia, identidad y ese sabor casero que define la temporada.
“Yo recomendaría las sopaipillas pasadas o picarones pasados … que mástípico de invierno chileno. En el caso de los picarones, esta receta es súper fácil, con el zapallo ya cocido formamos una masa, amasamos unos minutos y dejamos reposar. Luego la estiramos con un rodillo y con un corta pasta redondo grande y uno pequeño vamos cortando haciendo tipo donas. Una vez cortadas las dejamos leudar unos 30 minutos para luego freírlas.
Mientas se fríen podemos hacer la chancaca que se hace disponiendo todos los ingredientes en una olla menos la maicena, Cocinar hasta tener una salsa homogénea y cuando empiece a hervir agregar la maicena con un poco del agua y cuando espese retiramos del fuego y aún caliente vamos agregando los picarones ya fritos”, explica Paz María Infante Pérez, sub chef del restaurante La Tribu del hotel Cascada de las Ánimas






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