- Comida y bebidas nacionales son parte del repertorio culinario en esta fecha tan especial para los chilenos. También son preparaciones que por momentos se recuerdan durante todo el año y dan ganas de comer más de una cualquier día.
Por equipo turismoysabores
Cuando se piensa en el 18 de septiembre, de seguro que lo primero que viene a la cabeza son las ganas de comer una rica empanada de pino o disfrutar de un buen anticucho. Son preparaciones que, más allá de sus ingredientes, tienen una profunda identidad y que inmediatamente conectan con las fiestas patrias.
Junto a las infaltables empanadas, también aparecen los choripanes y el tradicional asado familiar, preparaciones que año a año se toman las parrillas y celebraciones a lo largo del país. Sin embargo, la gastronomía dieciochera es bastante más amplia y reúne una diversidad de recetas que dan cuenta de las distintas tradiciones y productos de Chile.
“Nuestra gastronomía dieciochera es mucho más amplia que el asado: cazuela, pastel de choclo, costillar asado, arrollado de huaso, causeo de pata de chancho, un buen pebre, chancho en piedra, pastas de ají y lo dulce como pajaritos, alfajores, empolvados, mote con huesillos, leche asada y mucho más”, comenta el chef de Nodo, Cristian Urrutia.
En este verdadero recorrido por los sabores nacionales, cada degustación ocupa un lugar especial. La empanada de pino, por ejemplo, se transforma en una de las grandes protagonistas de estas fechas, especialmente cuando llega acompañada de un buen pebre o chancho en piedra. Lo mismo ocurre con los anticuchos, choripanes y distintos tipos de carnes que llegan a la parrilla.
“Claramente cuando hablamos de comida típica dieciochera los más nombrados son la empanada, choripán y el anticucho. Pero también debemos recordar que una buena empanada de pino debe ir acompañada de un buen pebre o chancho en piedra. Por otro lado, el asado típico ha ido variando con el pasar del tiempo y dependiendo de la zona del país, podemos encontrar el clásico de vacuno, asado de cabrito, cordero y, si recordamos años atrás, la carne de equino era parte del menú”, señala el chef del restaurant Macerados, Carlos González.
No obstante, no todo se trata de comida, debido a que también existen bebidas para acompañar la buena mesa y hacer más distendida la jornada. “Para beber, está el colemono casero, chicha o un buen vino tinto que son los clásicos, dentro de los que se suma el terremoto. A lo que se puede agregar los postres típicos como el infaltable mote con huesillo, además de los clásicos chilenitos y en algunos casos los olvidados pajaritos, que son boñuelitos de masa tapados con merengue”, enumera Carlos González.
Pero si existe algo que caracteriza a la gastronomía de fiestas patrias es que detrás de cada preparación también hay una historia familiar. Cocinar durante estas fechas no solamente significa preparar alimentos, sino que representa una instancia de encuentro, colaboración y transmisión de tradiciones entre generaciones.
“Lo más importante en la tradición gastronómica es la comunión, recordar cuando la familia se levantaba temprano para hacer el pino de la empanada. Unos se encargaban de la cebolla, otro de la masa, la matriarca de la familia era la que hacía el pino y entre todos llevaban a cabo la tarea de hacer las empanadas, las cuales se disfrutaban hasta tres días”, rememora el chef.
A lo que el chef agrega que “una dinámica similar ocurre frente a la parrilla, donde muchas veces la responsabilidad recae naturalmente en una persona que asume el rol de asador durante la celebración. Pero el asador siempre se ha designado solo, en cada junta familiar. Sin siquiera planearlo, ya se sabe quién es el encargado de la carne; los demás solo deben mantenerlo bien hidratado”.
La identidad de esta cocina también se encuentra en preparaciones que, aunque sencillas, forman parte del imaginario colectivo de los chilenos. Para el chef Álvaro Barrientos, “es indudable que las empanadas y otras preparaciones como pajaritos dulces, el arrollado huaso son las más típicas. Nadie lo podría discutir en ningún lugar. Y para beber, la chicha, vino tinto, terremoto y mote con huesillos son los favoritos”.
Así, las fiestas patrias vuelven a convertirse en una oportunidad para reencontrarse con una cocina que tiene al territorio, los productos y las recetas transmitidas de generación en generación como algunos de sus principales ingredientes. Donde se puede tener una empanada recién salida del horno hasta un asado compartido alrededor de la parrilla, pasando por un vaso de mote con huesillos o una copa de vino. Cada plato es parte de una celebración que permite volver a encontrarse con los sabores que forman parte de la identidad gastronómica de Chile.




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